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Dermatitis por estrés: cómo combatir esta alteración de la piel

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Las situaciones estresantes son capaces de desequilibrar el buen funcionamiento de nuestro organismo, sobre todo cuando se prolongan en el tiempo. De hecho, el estrés puede desencadenar problemas de salud a diferentes niveles y en distintos grados, siendo la piel una de las áreas corporales más afectadas. Un ejemplo de ello es la dermatitis por estrés, un problema cutáneo de naturaleza inflamatoria que puede afectar a personas de cualquier edad.  

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¿Qué es la dermatitis?

En términos generales, la dermatitis es una enfermedad inflamatoria de la piel que da lugar a la aparición de erupciones denominadas eccemas y provoca enrojecimiento y picazón.

No obstante, existen distintas formas de dermatitis que difieren en la causa que las origina y la sintomatología que presentan, como la dermatitis seborreica, de contacto, herpetiforme o atópica, entre otras.

La dermatitis atópica constituye uno de los tipos más comunes de dermatitis. En su desarrollo intervienen múltiples factores, pero se desconoce la causa exacta que la provoca. 

No obstante, sí se sabe que el estrés puede ser muy importante en su manifestación y empeoramiento; de hecho, en muchas ocasiones es el desencadenante principal, en cuyo caso hablamos de dermatitis por estrés.

Dermatitis por estrés

En la dermatitis por estrés existe una estrecha conexión entre el estado emocional y la condición de la piel, pues las emociones y el grado de tensión pueden desencadenar diferentes reacciones a nivel cutáneo. 

picor dermatitis por estrés brazo

Así, las situaciones de estrés, tanto puntuales como crónicas, pueden dar lugar a la aparición de dermatitis por estrés, pero también de otros problemas en la piel como, por ejemplo, la psoriasis, que puede ser provocada o empeorada por estados estresantes.

Estrés: causa y consecuencia de la dermatitis atópica

El estrés puede promover una respuesta inflamatoria capaz de desencadenar episodios de dermatitis atópica grave, pero los brotes de dermatitis también puede generar un estrés elevado y otras afecciones psicoemocionales, como ansiedad y depresión.

Es decir, que se trata de un problema cutáneo que puede tener un notable impacto emocional y psicológico en las personas que lo padecen.

Por lo general, esto ocurre porque las molestias y dolores ocasionados por los brotes de dermatitis pueden ser tan intensos que terminan por afectar el descanso y el día a día de las personas afectadas.

Por tanto, nos encontramos ante un problema que a menudo se retroalimenta y que, para evitar entrar en un círculo vicioso, requiere que actuemos tanto a nivel de la piel como en relación al bienestar emocional.

¿Cómo saber si tengo dermatitis por estrés?

La dermatitis atópica por estrés se caracteriza por cursar en forma de brotes, por lo que suele existir, de forma más o menos clara, una asociación circunstancial y temporal en la manifestación de los síntomas.

Es decir, cuando el estrés es el factor o desencadenante clave, los brotes tenderán a producirse próximos en el tiempo a situaciones estresantes o periodos de malestar emocional. 

También se puede intuir una posible dermatitis por estrés, cuando la tensión psicológica y/o emocional empeora los síntomas en curso.

Síntomas de la dermatitis atópica por estrés

Las manifestaciones cutáneas ocasionadas por la dermatitis tienden a aparecer en los pliegues de los codos y en la parte trasera de las rodillas, aunque pueden producirse en cualquier área del cuerpo.

Entre los síntomas que se pueden experimentar como consecuencia de este tipo de dermatitis se incluyen:

  • Prurito o picazón, que puede ser intenso en la piel y dar lugar a la aparición de heridas por el rascado.
  • Ronchas, que pueden supurar líquido.
  • Piel seca y eccema, presentando zonas de la piel con rojeces, de tacto áspero, escamosas y con grietas.
  • Costras, que pueden aparecer por las heridas producidas al rascarse.

¿Cómo se cura la dermatitis por estrés?

Las dermatitis tienden a cronificarse, aunque como se manifiestan en forma de brotes los síntomas y molestias no suelen estar presentes de manera continuada. 

La frecuencia con la que se producen episodios varía enormemente de una persona a otra e incluso a lo largo de la vida de un mismo afectado. En ocasiones pueden transcurrir años entre un brote y otro, mientras que en otros casos pueden producirse en periodos de tiempo relativamente cortos.

No existe una cura o remedio definitivo para este problema cutáneo, por lo que el tratamiento de la dermatitis atópica va dirigido a la reducción de los síntomas que se producen durante los brotes o recaídas, como el prurito y el eccema.

Además de disminuir las molestias de los síntomas, el tratamiento también ayuda a evitar el empeoramiento de la dermatitis y la aparición de posibles complicaciones.

Por lo general se suelen emplear productos de uso tópico, aunque el tipo exacto dependerá de las características específicas del eccema (lesiones con exudado o liquenificadas), el lugar  y la intensidad con la que este se haya desarrollado, la edad de la persona, su estado de salud y su respuesta a tratamientos previos, si los ha habido.  

Asimismo, las medidas terapéuticas deben lograr que la piel mantenga una adecuada hidratación, pues la piel de las personas que sufren dermatitis atópica por estrés tiende a encontrarse siempre más seca e irritable.

dermatitis por estrés eccema en piernas

Por tanto, será esencial esmerarse en el cuidado de la piel y mantenerla hidratada, incluso cuando no existan lesiones o no haya un brote activo. Para ello se pueden aplicar cremas emolientes, preferiblemente con la piel húmeda. 

Además, es conveniente utilizar cremas y jabones especialmente formulados para pieles atópicas o muy sensibles. 

Asimismo, se pueden complementar estos cuidados básicos con el aporte de elementos beneficiosos para pieles con este tipo de problemáticas, como el silicio orgánico.

Este oligoelemento contribuye a la regeneración y el fortalecimiento de la barrera cutánea, entre otras cosas, gracias a que potencia la síntesis de colágeno y elastina.

El resultado es que el silicio proporciona suavidad, calma, hidratación y sensación de limpieza en la piel, por lo que se reducen los picores y se favorece la resistencia de la piel.   

Ahora bien, en el caso de la dermatitis por estrés no basta con abordar las manifestaciones cutáneas, sino que también será importante realizar un abordaje del manejo del estrés.

Dicho de otra manera, cuando el factor clave en el desarrollo de la dermatitis es el estrés, tratar solo los síntomas físicos no ayudará a prevenir que se produzcan nuevos brotes.

Abordar el estrés para mejorar la dermatitis

Aunque lo ideal es acudir a un especialista que pueda evaluarnos y asesorarnos de manera individualizada, algunas estrategias generales para llevar a cabo una mejor gestión el estrés son: 

  • Aprender a identificar los estresores o situaciones que nos provocan estrés y propician los brotes de dermatitis que sufrimos.
  • Poner en práctica técnicas de relajación y respiración que nos ayuden a alcanzar estados equilibrados y relajados. 
  • Recurrir a actividades que, no estando enfocadas en la relajación, a nivel individual nos resultan relajantes (leer, pasear, escuchar música, cocinar, bordar, etc.).
  • Realizar ejercicio físico con regularidad, pues mejora el bienestar emocional de manera directa e indirecta al sentirnos más sanos y más a gusto con nuestro físico (mejora de la autoestima). 
  • Adoptar un estilo de vida saludable, con una alimentación sana y equilibrada y sin hábitos perjudiciales como el tabaco o el alcohol.

Cuida tu piel y tu estado emocional

En definitiva, si sufres dermatitis por estrés debes cuidar tanto tu piel como tu bienestar emocional, ya que ambos están estrechamente ligados. 

Además, para reducir la aparición de brotes y/o la intensidad de estos, destierra los malos hábitos y asegúrate de que le aportas a tu cuerpo y a tu piel todos los nutrientes y minerales que necesita.

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