Manos con planta creciendo

Nuestra Historia

Nuestros Orígenes como SiliciumLab

SiliciumLab empieza mucho antes de llamarnos así. Nuestro origen parte de un nombre, de alguien que usó la ciencia actual para mejorar la salud a través de la medicina natural. La génesis de nuestros estudios, nuestros retos y nuestros logros como marca referente en el ámbito del silicio orgánico nacen con Loïc le Ribault y sus investigaciones sobre el silicio orgánico. Además, fue un firme un defensor de la libertad terapéutica, sobre cómo y a través de qué terapia cada individuo quiere y decide mejorar su salud.

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Mi historia personal

Soy Juan Carlos Hierro, y junto con Esther, mi compañera de viaje durante todo este tiempo, quiero contarte mi historia, y la que se ha convertido en la historia de muchos que han logrado que SiliciumLab sea hoy lo que es. Lo que somos. En el año 2003 empecé a distribuir el silicio orgánico del doctor Loïc Le Ribault, en aquella época yo estaba ávido de conocer por qué ese producto mágico, el silicio orgánico, daba esos resultados positivos tan rápidos, y a veces de forma prodigiosa, en personas con dificultades para caminar, con crisis y brotes de esclerosis o con graves problemas de piel y cicatrizaciones. Sin duda no podía quedarme con las dudas sobre algo que estaba siendo la solución a los problemas ajenos, al dolor de muchas personas. Quería saber, para poder aprender y ayudar a otros.

Perseverando para lograr nuestro objetivo

Necesitaba saber más, mucho más. Estaba ansioso, con esa vehemencia humana de descubrir cómo funcionaba realmente el silicio orgánico, desde sus orígenes. Así que me puse manos a la obra para contactar con el Doctor Le Ribault. Pero debo confesar que no fue fácil. Se me dificultó hasta el punto de impedirme tener una reunión con él.

Supongo que sobra decir que la perseverancia, mi sana testarudez, obtuvo resultados y logré contactar con él, concediéndome una entrevista en Suiza. Unas semanas después, lo entrevisté. Lo admito, me dejó embelesado, perplejo y fascinado de la enormidad inconmensurable de su persona. Admirado por su trabajo y su persona, le invité inmediatamente para dar dos conferencias en Barcelona y Madrid. En pocos meses ya lo había organizado todo para que más personas le conocieran y sobre todo, para dar a conocer su trabajo con el silicio orgánico.

En Barcelona, dentro del marco de la Feria de Salud Natural Exposalud (mayo 2005), su conferencia ante más de 500 profesionales de la salud fue un extraordinario y rotundo éxito. Las siguientes semanas hubo una avalancha de peticiones de profesionales de todos los rincones de España. El Dr. Le Ribault no había sido informado que había un distribuidor tan activo del silicio orgánico en España, y fue una grata sorpresa para él. Ahí estábamos nosotros, con ganas de comernos el mundo ofreciendo un producto que estaba mejorando la calidad de vida de muchas personas, el silicio orgánico de 5ª generación del Doctor. Así que, sorprendentemente para mí, Le Ribault nos ofreció la licencia de fabricación para ciertos países y, a la larga, después de solucionar algunos problemas con su antiguo partner, nos concedió la licencia de fabricación y distribución del silicio orgánico para todo el mundo.

¿Os imagináis la inmensa felicidad y responsabilidad sentimos en ese momento? Fuimos conscientes desde el mismo momento de dicha concesión. Trabajo que llevamos realizando, con mucho esfuerzo diario, los últimos 18 años en exclusiva, y con una coherencia, profesionalidad y cuidado que nos ha convertido en los referentes del mercado.

Esther y Joan Carles directores de Silicium Laboratories

Ayudar a otras personas a mejorar su calidad de vida

Pero volvamos a los inicios. Hagamos un salto en el tiempo. Conozco el silicio orgánico en 2002, cuando unos viejos amigos franceses de mis padres me trajeron desde Francia una botella de silicio orgánico, al saber que Esther, mi mujer, padecía de fuertes dolores de espalda. A los pocos meses, Esther se recuperó completamente. Situación y circunstancia personal y emocional que hizo que creciera mi interés por el silicio orgánico.  

Ahora tenía más razones para querer indagar más, conocerlo mejor, y poder ser capaz de ayudar a muchas más personas. Me encontraba en una época de cambios en mi vida. Como todos los hemos vivido, o los viviréis, son parte del proceso de la vida… ¡y menos mal! Una suma de decisiones donde era necesario dar pasos hacia otra dirección. Sin estar satisfecho con mi trabajo, y en consecuencia, con mi vida, vi en el silicio orgánico una oportunidad. Una oportunidad para mejorar profesional y personalmente. Encauzar de nuevo mi camino.

Somos la suma de nuestras decisiones, y SiliciumLab es un claro ejemplo de ello

Y entonces, todo cambió. Soy consciente de que somos la suma de nuestras decisiones. Y estoy orgulloso de haber tomado esa decisión. El nuevo trabajo me cambió la vida. Pasé del disgusto, la apatía y el desasosiego de clientes que me regalaban su malestar, a la felicidad a través de los agradecimientos de personas a las que les habíamos mejorado la calidad de vida con la mejora de su salud. Y con ello, las ganas de querer mejorar y seguir creciendo.

Sí, ahí radica el secreto… en las ganas y en la perseverancia. Más de dieciocho años después de aquél encuentro con Le Ribault, seguimos emocionados. Y no es una utopía, ni una metáfora de la vida, sino una realidad. A diario comentábamos en casa, con gran emoción, las nuevas experiencias positivas que nos trasladaban nuestros clientes gracias al silicio orgánico. Y con suma humildad y respeto, seguíamos trabajando con el silicio orgánico, en qué nuevas áreas de salud era beneficioso, las dosis, la duración de las tomas, y muchos factores más que nos motivaban a seguir ayudando a cuantas más personas mejor, a mejorar su calidad de vida.

Botes en la arena del silicio con mensaje dentro

Nuestro legado en SiliciumLab

Nuestros hijos crecieron en ese ambiente e impregnados de esa ilusión, la mía y la de Esther, por mejorar la salud de los demás y, con los años, cuando realizaron sus estudios universitarios, y con una mezcla de sorpresa, ilusión y orgullo ¡los dos hicieron sus trabajos de fin de carrera sobre el silicio orgánico y nuestra empresa SiliciumLab! Para unos padres, los hijos son el mayor orgullo y su mejor proyecto de vida. O así debería ser siempre.

Con esa incertidumbre de padres que siempre nos envuelve con dudas de si lo habremos hecho bien. Al fin y al cabo, somos humanos. Imaginad pues, saber que nuestros dos hijos son parte imprescindible de nuestra empresa. Marc, el hijo mayor, hace ya cinco años que se hizo cargo de nuestra empresa estadounidense, estando al frente de un mercado competitivo y en constante crecimiento (www.livingsilica.com). Con unos resultados espectaculares e impulsado por la ilusión en el Proyecto del silicio orgánico está duplicando las ventas año tras año. Nuestra hija menor, Ariadna, igual de ilusionada que su hermano, entró en 2018 en SiliciumLab, aportando ese soplo de aire fresco a la compañía que tanta falta hacía. Joven, inquieta, curiosa por saber, por conocer y por poder aportar a diario, no solo pensando en que es la empresa de sus padres, sino con la profunda convicción de saber que estamos mejorando la calidad de vida de miles de personas.

Personas al servicio de las personas

Es por ello por lo que en SiliciumLab, entendemos que la calidad y los procesos con óptimos resultados, requieren de conocimiento, tesón, educación, investigación, implementar lo aprendido, y corregir lo errado. Pero nada de esto sería posible si no fuera por la intensa ilusión y el amor que ponemos, no solo como familia, sino también como profesionales. El equipo que forma parte de SiliciumLab es un grupo de personas que, más allá de sus inquietudes personales, han logrado plasmar, con toda nuestra confianza en ellos, sus inquietudes profesionales, y hacer de nuestra filosofía de marca, parte de nuestro ADN diario como una empresa consolidada a lo largo del tiempo. Gracias a todos los que habéis confiado en nosotros, y lo seguís haciendo. Cada uno de vosotros, de una forma u otra, sois parte de SiliciumLab.